No vas, porque somos tus papás

Alejandro Álvarez

 

Es viernes, llevas toda la semana planeando lo que harás este fin. Dan las ocho y les comentas a tus “jefes” que tus amigos te invitaron al reventón del año. En eso, el clásico “no vas, porque somos tus papás y así lo ordenamos” se cruza en lo que parecía la mejor plática de tu vida. Nunca te habías sentido como ese día. En venganza, has prometido no salir de tu cuarto hasta la próxima glaciación. A los quince minutos de encierro, te surge la duda: ¿por qué lo habrán dicho?

 

Esta legendaria frase que tanto nos cuesta interpretar en castellano, tiene varias posibles traducciones al lenguaje común; que además se pueden combinar.

 

Opción uno: Me tienes hasta el gorro

 

No para cualquier permiso tus jefes hacen uso de este desesperado recurso de autoridad; lo que quiere decir que, probablemente, ya los sacaste de sus casillas. Mal asunto, si ese fue el caso, lo ideal es que para la próxima trates de ser mucho más civilizado cuando discutas las cosas con ellos.

 

Segunda opción: La confianza ante todo

 

Pasaste horas pensando la manera de que tu plan fuera perfecto; pero, no consideraste que lo que ellos quieren es poder confiar en ti y, al decirles las condiciones del permiso, no les diste confianza sino solamente respuestas vagas.

 

• Analiza el tipo de lenguaje que usaste con ellos . Es muy probable que por tus rápidas respuestas y tu impaciencia, les hayas dado la sensación de que les estabas tratando de tomar el pelo. Es muy probable también, que al no tener la respuesta ideal de forma fácil y rápida, te hayas desesperado e incurrido en lo que ellos llaman “grosería”.

 

¡Ojo! Grosería es una palabra importante en el Código Jefatura . Se refiere a muchas cosas: puede ser pretexto, puede ser insulto, puede ser simple irreverencia.

 

En la mayoría de los casos se refiere a una actitud que rompe con el ritmo en el que se estaba dando la discusión:

 

• Si estaban hablando civilizadamente, “grosería” podría ser un simple grito.

• Si la discusión ya estaba acalorada, puede ser un ataque injustificado.

• Si estabas “calladito”, puede ser una mirada al techo que les diera sensación de que no los estabas pelando.

 

Lo grave de la grosería no es el gesto que emplees para hacerla, sino que tus jefes se enojan porque perciben que tú crees merecer todo lo que pides y que no se pueden negar.

 

Somos una inversión cara de por sí; y todo lo que nos da la jefatura es gratis; por tanto, no puedes asumir una actitud de “todo lo merezco”. Mejor muéstrales respeto, dales buena vibra y con eso, tienes ganada la mitad de la partida.

 

Ante todo, paciencia, y recuerda: No se trata de hacer el plan perfecto, sino de quitarles sus miedos, y esto se logra con una actitud constante y una comunicación clara y directa. No se puede ganar la confianza de un día para otro.

 

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